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Lluvia de sentimientos
noviembre 13th, 2009 by amarge
Mi sueño se ve tremendamente interrumpido por su llamada:
-He recibido tu e-mail. Si te parece, podemos quedar esta tarde.
-Muy bien, no hay problema. ¿A las 19:00?
-Sí.
-Te espero donde siempre.
-Allí estaré.
Me levanto despacio y me arreglo rápido. Llego tarde a la facultad, a mi examen de “teoría y práctica del hipertexto”. Por el camino, voy recordando ideas:
1. Concepto de Hipertexto de T. Nelson: “Un cuerpo de material escrito o de imágenes interconectado de una manera compleja que no podría ser convenientemente representada en papel. Puede contener índices o mapas de sus contenidos e interrelaciones; puede contener anotaciones, adiciones y notas a pie de páginas hechas por especialistas que han examinado dicho material”.
2. Michael Foucault: Texto en forma de redes y nodos.
3. Umberto eco: múltiples interpretaciones de una obra.
4. Cadáver exquisito.
Algo me atraviesa el pensamiento durante un instante. ¿Y si esta fotografía me llevara a toda una aventura hipertextual? Por primera vez me doy cuenta. La búsqueda, la investigación me va a llevar a muchas interpretaciones. Y puede que no alcance ninguna conclusión concreta. Me invade el miedo a la incertidumbre.
Al acabar mi examen, salgo corriendo del edificio. En media hora he quedado con Silvia, una amiga de mi madre, periodista. Siempre he tenido un gran vínculo con ella, por eso creo que me ayudará. Veo de lejos a Irene, mi profesora de “Hipertexto” con una bicicleta. No le doy importancia.
Silvia ya ha llegado. Después de los oportunos saludos le entrego la foto y ella se queda pensativa, absorta. Comenta que es muy extraño, que no parece una foto cualquiera. Esa niña le suena, pero no sabe de qué. Entonces rompe a llorar y me abraza. No entiendo porqué pero también mis ojos derraman lágrimas. La miro:
-¿Qué nos ocurre?
-Lo siento mucho, Ana. No era mi intención ponerme así. Pero ya sabes que todavía no he logrado superar lo de tu madre. Era una parte de mí. Sé que a ti te duele más, que no puedo ser egoísta. ¡Pero es que esta foto me recuerda tanto a ella!
-Lo sé. Es muy duro para todos. ¡Pero fue un accidente! Deja ya tus investigaciones sin fundamento. No fue asesinada. Esto no tiene nada que ver.
En ese momento, empieza a llover y suena su móvil. Algo ha pasado en una cafetería cercana. Silvia debe ir para cubrir la noticia, por lo que ambas salimos corriendo. Al llegar allí, la policía y la ambulancia gobiernan la entrada. Los nervios se vislumbran entre la gente: hay una mujer sentada en una silla hablando con un par de médicos. Parece la afectada. La policía está arrestando a un hombre alto de pelo oscuro y todos felicitan a otro señor de mediana edad que parece satisfecho e inquieto. Dos hombres permanecen de pie con unas fotos en la mano. Resulta curioso.
Me acerco gracias a Silvia, y veo que la mujer que está en la silla es Irene, mi profesora. Pero está tan afectada que no me atrevo a preguntar. Cuando me doy la vuelta, Silvia está hablando con el que todos llaman “héroe”, voy hasta allí:
-¿Qué ha pasado?
-Alguien ha intentado agredir a esta mujer, pero por suerte mi amigo lo ha detenido.
-Me alegro mucho. Ella es mi profesora.
-Y, ¿Tienes idea de porqué ha podido ir a por ella?
-No. Es muy extraño.
Pasada una hora, por fin puedo preguntarle a Irene sobre lo acontecido. Ella me mira pero no dice nada. Como si no supiera quién soy, como si nunca me hubiera visto. Se marcha junto a los policías.
La lluvia es intensa, no podemos volver así. El amigo de Silvia nos acerca a casa y en el trayecto ella le habla de mi fotografía. “Veré que puedo hacer”, contesta. Pero su mente rumia otra cosa, un asunto que considera más grave. Creo que quiere hablar a solas con Silvia.
Me deja en la puerta de mi casa, entro y me quedo observándolos desde el cristal. Él le dice algo y ella parece no poder articular palabra. Su asombro es evidente. Espero que no tenga ninguna relación con aquel asesino que la perturbó por completo. No, la historia no puede repetirse.
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